the errant spaniard

junio 13, 2006

Por el fin de la(s) guerra(s)

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ENTREVISTA // JIMMY MASSEY, EXMARINE PACIFISTA
“Un marine es un asesino psicópata”

CATERINA ÚBEDA MADRID http://www.elperiodico.com

Jimmy es alto, zurdo, masca chicle y suda. Viste una americana con el pin de una paloma de la paz en la solapa. La manga larga le tapa el Cowboys del infierno que lleva tatuado en el brazo. Es el título del libro en el que relata con crudeza su carrera como marine, desde su alistamiento en 1999 hasta su regreso de Irak a finales de mayo del 2003. La obra es un intento de redención, como la organización Veteranos de Irak contra la Guerra, que creó en el 2004.
Massey estuvo en Irak nueve meses al mando de un batallón como sargento de artillería. Protegió pozos petrolíferos, mató a civiles y fue testigo de cómo se destruía mucho más de lo que requería la misión. Protestó y le mandaron a EEUU. Allí, una psiquiatra del cuerpo intentó que admitiera que padecía un trastorno de personalidad para declararle objetor de conciencia. Massey puso el caso en manos de Gary Myers, el abogado de los soldados de la ahora más que nunca recordada masacre vietnamita de My Lai. Ganó. Una junta médica le declaró no apto para el servicio, le dio la baja y, aunque no consiguió la pensión, recibió una indemnización de 59.000 dólares (46.500 euros).
— Se alistó a los 19 años en los marines. ¿Por qué?
–Porque me ofrecía la posibilidad de continuar con mi educación y me garantizaba estabilidad económica. Nací en una familia obrera, mi padre murió cuando yo tenía 7 años y con el sueldo de mi madre no llegábamos a fin de mes.
— Siete años más tarde era usted el que reclutaba. ¿Cuál era el perfil de las personas que convencía para que se alistaran?
— El de jóvenes que querían mejorar su estatus económico y que veían en el Ejército una forma de salir de la pobreza.
— ¿Eran fáciles de encontrar?
— Sí, siempre hay gente pobre. Pero ahora, con George Bush, es mucho más fácil porque el Gobierno gasta millones de dólares en propaganda.
–Todos pit-bulls de pelea en potencia, según el libro. ¿Cómo le inculcaron esa “mentalidad de asesino”?
— Bastaron seis meses de entrenamiento, un proceso de deshumanización brutal. El objetivo de los instructores es el de humillarte, el de destrozarte como ser humano hasta convertirte en un marine, en un asesino psicópata entrenado para obedecer ciegamente y matar.
— ¿Y no se dio cuenta al principio?
— Al principio me sentía protegido, miembro de una hermandad muy importante. Me dí cuenta cuando empecé a trabajar como reclutador.
— ¿Y por qué no desertó antes de ir a Irak?
— Porque a los marines se les entrena para matar; es decir, para ir a la guerra, pero también para realizar misiones humanitarias. En el caso de Irak, se nos dijo que íbamos a ser usados como contingente humanitario para aliviar los 13 años de sanciones que había sufrido la población. Además de ir a la búsqueda de armas de destrucción masiva.
— ¿Cree ahora los motivos esgrimidos por Bush?
— No. Llegué a Kuwait en enero del 2003. Era uno más de los 75.000 militares desplegados en la operación Libertad de Irak. Llevamos comida y material humanitario, pero todo se quedó en Kuwait. Cuando el 20 de marzo fuimos a Irak, sólo nos llevamos nuestras armas. Tengo entendido que lo quemaron.
— Su primera operación en Irak se llamó Joya de la Corona. ¿Cuál era la preciosidad? — El yacimiento petrolífero de Rumaylah (cerca de Basora), el más grande del país. Lo tomamos, apresamos a los trabajadores y lo dejamos en manos británicas. Nos dijeron que la operación era necesaria para costear la guerra.
— En el libro relata cómo usted y los 45 hombres que llevaba mataron a manifestantes, atacaron edificios civiles…
— Recibimos la orden de considerar a cualquier iraquí como a un terrorista en potencia.
— Pero los episodios de muerte que describe en el libro son alucinantes. Podría entender que el cansancio de la guerra, de vivir situaciones extremas, condujera a comportamientos animales, pero aquello era al principio del conflicto, ustedes no habían luchado y matar les provocaba placer.
— Pero es que aquello no era una consecuencia de la guerra, sino de la mentalidad de los combatientes. Muchos de los militares estadounidenses, sobre todo los oficiales, creen firmemente en la industria militar y apoyan esta forma de adquirir recursos para EEUU.
— ¿Qué opinión tienen sus compatriotas de usted?
— Yo rompí el juramento Semper fidelis (Siempre fiel) de los marines, según el cual lo que ocurre en el extranjero permanece en secreto. Para ellos soy un cobarde, un traidor. No encuentro editorial para el libro en EEUU.
— ¿Está en deuda con los iraquís?
— Sufro de estrés postraumático, pero en Irak hay generaciones de niños que sufrirán esto de por vida. Padezco una enfermedad degenerativa en la espina dorsal debido al uso de uranio empobrecido en las municiones. Y no sé cuántos civiles iraquís deben estar sufriendo esta enfermedad.

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